‘La mochila de Laschet’
El final de la época Merkel está cada día más cerca. El pasado sábado 16 de enero se celebró el tan esperado congreso federal de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) para elegir al sucesor de la canciller. Y digo tan esperado porqué se tuvieron que aplazar los congresos programados para abril y diciembre a causa de la pandemia. Y también digo sucesor, en masculino, porqué los candidatos mejor posicionados para reemplazarla eran varones.
Angela Merkel lleva desde 2005 al timón de Alemania, un poco menos al de la Unión Europea. 16 años en los que ha tenido que lidiar con varios acontecimientos que no son de agrado para ningún cargo político: la crisis financiera de 2008, los difíciles pactos electorales en todas sus legislaturas o la actual crisis sanitaria y económica propiciada por la covid-19.
Sin embargo, la canciller ha mostrado grandes dotes de liderazgo que han reforzado su figura con el paso de los años. En la crisis financiera de 2008, las medidas de austeridad llevadas a cabo en la Unión Europea fueron efectuadas en gran parte por sus ideas. Muchos la acuñaron como la “canciller de hierro”, realizando un guiño a la ex primera ministra Margaret Thatcher, conocida como la “dama de hierro”.
Ahora, con el paso de los años y su cada vez mayor experiencia en las instituciones ha llevado a que Merkel sea considera una de las mejores lideres de este siglo XXI. Su estilo sosegado, dialogante, y sencillo le ha conducido a que sea valorada positivamente por personas cercanas y no tan cercanas a sus ideales políticos.
La canciller ha sabido buscar y encontrar acuerdos con grupos políticos de diferente índole ideológica. Así lo muestran sus pactos con los socialdemócratas del SPD o los liberales del FDP. Sus pactos han tardado una media de tres meses en hacerse efectivos y “las viejas lenguas” cuentan que, siempre, antes de formalizar un acuerdo se escribían cerca de 800 páginas donde se resumían los objetivos a corto y largo plazo, así como las condiciones del mismo.
Si bien es cierto que la Merkel de 2008 no se asemeja a la de 2020, su estilo sigue siendo parecido. Un lenguaje corporal limitado, pocos movimientos y gestos poco esperpénticos definen su forma de actuar. Lo que no sigue siendo parecido es su forma de afrontar las crisis. Si la de 2008 tuvo un carácter altamente liberal –medidas de austeridad–, la de 2020 tiene un corte cercano al keynesianismo –mayor gasto público para afrontar la contracción económica–, acercándose a los países del Mediterráneo, Francia incluida.
Como hemos comentado líneas más arriba, el pasado viernes y sábado, 15 y 16 de enero, se celebró telemáticamente el Congreso del CDU para elegir al que será sucesor de Angela Merkel en las elecciones federales alemanas de septiembre donde participaron 1001 congresista.
Pero, ¿quién es el valiente electo que deberá cargar con el peso del legado de Merkel?
Este es Armin Laschet. Es primer ministro de Renania del Norte-Westfalia, el estado con mayor grueso de población del país bávaro. Su trayectoria política ascendente ha sido constante pero poco pronunciada. Ha pasado por casi todos los eslabones políticos del país hasta alzarse con el liderazgo del CDU.
Pese a que Armin no partía como favorito, ha sabido anteponerse a sus dos principales contrincantes: Norbet Röttgen y Friedrich Merz. El primero era considerado continuista de la era Merkel, sin embargo, en 2009 fue expulsado como ministro de Medio Ambiente por ella misma. El segundo se situaba en el ala más derechista del partido. Eran visibles las discrepancias con la actual canciller en materia migratoria y nuclear.
A Laschet, por su parte, se le considera muy cercano a la actual canciller, es más, su forma de actuar recuerda a ella. Uno de los motivos por los que se ha alzado con la victoria es por su cercanía con el actual ministro de Sanidad, Jens Spahn. Su buena gestión sanitaria le ha llevado a obtener una muy buena valoración por parte de la sociedad alemana. De los mejor posicionados dentro del gobierno alemán.
Es considerado europeísta, así como concienciado con la problemática migratoria. En este sentido también se asemeja a la Merkel de los últimos años, cuando apostó por proteger la dignidad de los refugiados, en contra, en buena medida, de la opinión pública del país. También su posición centrista y continuista se vislumbro en el pasado Congreso: “Sólo ganaremos si seguimos siendo fuertes en el centro de la sociedad. Tenemos que conservar la confianza del centro”.
El mandato de Merkel llega a su fin y con él uno de los liderazgos más fuertes y carismáticos que ha podido presenciar este siglo XXI. Armin Laschet deberá portar consigo mismo la mochila cargada de la, más que correcta, gestión comunicativa y política de Angela Merkel, tanto en el país teutón como en Europa.
Las comparaciones serán inevitables y el candidato deberá tener el mismo pragmatismo que se ha lucido en la presidencia de Alemania durante 16 años. Claro está, siempre y cuando saque rédito en las elecciones programadas para el 26 de septiembre de este mismo año.
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