Los liderazgos del PP en la Edad Media.
Aviso: este artículo contiene referencias continuas a acontecimientos de la antigüedad, toda similitud con la realidad es pura coincidencia, o quizá no….
A veces me gusta analizar a los líderes y lideresas de los partidos como si se tratasen de piezas de algún juego de mesa, no digo de ajedrez porque mis conocimientos de ello se limitan a 4 movimientos que hasta un crío de 5 años podría anticipar. Nuestro particular tablero de hoy lleva unas siglas reconocibles que, aunque ahora se encuentren en horas bajas, que nadie dude de que volverán a ocupar puestos de referencia en el panorama político. Desde su fundación, el Partido Popular ha realizado una maniobra de pinza, como la que se solía usar en algunas batallas medievales y que consistía en rodear por los flancos a los enemigos y proceder a su eliminación, con todo lo que se posiciona cerca de su espectro ideológico.
Gran parte de esta estrategia se la deben a José María Aznar, aquel hombre que comenzó siendo una eterna duda política y que poco a poco se consolidó como el artífice de las mayorías populares más aplastantes de nuestra democracia. De igual forma que Eduardo I de Inglaterra, más conocido como Longshanks hizo con los nobles escoceses. Con sutiles movimientos estratégicos fue eliminando cualquier atisbo de rebeldía hasta que topó con el independentismo encarnado en la figura de William Wallace.
Y si hablamos de Eduardo I y Wallace, tenemos que hablar de Robert Bruce, ese elegido para ser el rey de Escocia que, pese a jurar fidelidad a Longshanks, se convirtió en un emblema de la rebelión escocesa contra el poder inglés establecido. Algo similar le ocurrió a Juanma Moreno, no sabemos si se llevaba bien con Susana Diaz, pero lo que sí sabemos es que comenzó una guerra en la que las posibilidades de victoria eran escasas ante el poder establecido y que ha terminado siendo nombrado Presidente de la Junta de Andalucía.
Sin abandonar la pérfida Albión, descubrimos a ese Ricardo Corazón de León que tantos kilómetros recorrió a lo largo de su reinado con el fin de llevar la cristiandad a lugares en los que Dios había prácticamente desaparecido. Los inicios de Ricardo no fueron sencillos, primero tuvo que hacer frente a su padre, literal y bélicamente hablando, más tarde tuvo que luchar en sus propios dominios para sofocar todo tipo de rebeliones y por último, tuvo la sagrada misión de devolver a la Iglesia el lugar que había perdido. Cientos de años después, en Galicia, un político tuvo que hacer frente a la anquilosada estructura de un partido, con padres poderosos que habían gobernado España durante décadas, tuvo que hacer frente a las luchas internas en su partido, desayunando día sí, día también con escándalos de sobornos, ayuda y comisiones y ahora se enfrenta a la titánica misión de “popularizar” esa España que ha abandonado la fe en el liberalismo económico y abraza con fervor el populismo más castizo. Pongamos que hablo de Alberto Núñez Feijóo.
Si hablamos de la Edad Media inglesa, no podemos olvidarnos de los franceses, entre otras cosas, porque estuvieron 100 años guerreando entre ellos y fruto de aquello apareció nuestra querida Juana de Arco. La dama de Orleans, visitada por el Arcángel Miguel y otras divinidades, que logró motivar a las tropas francesas para conseguir importantes victorias en aquella eterna guerra y que, gracias a ellas, Carlos VII fue coronado Rey de Francia. Su popularidad creció y creció en territorios amigos y enemigos hasta tal punto que su poder mediático puso en apuros a la nobleza, quien no dudó en traicionarla y entregarla a los ingleses. La suerte de Juana ya la conocemos, la Inquisición determinó que todo aquello era obra del maligno y decidió que el fuego purificador obrara su milagro.
En nuestro tablero, la dama es en realidad Lady Madrid, más conocida como Isabel Diaz Ayuso, una política que pasó de la nada a ser el puño de hierro con el que golpear a un gobierno sobrepasado por la pandemia y la crisis económica que se avecina, esperemos que cuando haya cumplido su misión no la manden a la hoguera…
Si habéis llegado hasta aquí, es que habéis leído entre líneas y habéis dado, con el objetivo real y principal de este artículo: la importancia de los liderazgos personales en toda situación política. Ninguno de los personajes históricos, del pasado más pasado hasta el día de hoy, habrían podido lograr lo que han logrado sin ser el referente para un nutrido grupo de personas.
Los liderazgos personales son la principal clave a la hora de decidir el voto de los indecisos, que visto lo visto es un grupo que crece cada día más. Si pretendemos establecer una estrategia electoral sin tener en cuenta el peso del liderazgo de nuestro candidato o candidata, es muy probable que vayamos a ciegas y que, por tanto, los resultados sean un juego de azar.
No existe una única receta para ser considerado un líder o lideresa, tal y como nos ha mostrado la historia, hay tantas fórmulas como escenarios políticos existen, lo importante es conocer hasta dónde puedes llegar y lo que esperan de ti, lo demás son artificios de la historia.
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